Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 4 de septiembre de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Las viudas de los jueves" de Claudia Piñeiro

“Uno se acostumbra a lo que tiene, más cuando lo que tiene es maravilloso”



Dos preguntas me hice y os hago tras la lectura de esta magnífica novela de la argentina Claudia Piñeiro, “Las viudas de los jueves” (Alfaguara, 2007): ¿Afectan las crisis económicas a los más pudientes? ¿De pertenecer a una clase alta o excusada de la sociedad, qué estarías dispuesto/a hacer para mantener tu nivel de vida, el privilegiado estatus amenazado por la crisis o por cuanto suponga un revés a peor o inferior? Sea como fuere, los que ya han leído la novela (no incluyo a la película de Marcelo Piñeyro) o los que a partir de ahora la lean me entenderán, en sus 256 páginas se hace una semblanza magistral de la decadencia de la llamémosle burguesía o clase media-alta bonaerense, argentina.

“Detrás de las altas paredes perimetrales, más allá de los portones reforzados por barreras y flanqueados por garitas de vigilancia, se encuentra Altos de la Cascada. Afuera, la ruta, la barriada popular de Santa María de los Tigrecitos, la autopista, la ciudad, el resto del mundo.
En Altos de la Cascada viven familias que llevan un mismo estilo de vida y que quieren mantenerlo cueste lo que cueste. Allí, en el country, un grupo de amigos se reúne semanalmente lejos de las miradas de sus hijos, sus empleadas domésticas y sus esposas, quienes excluidas del encuentro varonil, se autodenominan, bromeando, «las viudas de los jueves».
Pero una noche la rutina se quiebra y ese hecho permite descubrir, en un país que se desmorona, el lado oscuro de una vida perfecta”

No es una novela policíaca, y aunque así esté catalogada e inclusive parta y concluya con una desgracia o un suceso negro. Un relato psicológico y existencial. Una historia coral de gente acomodada, los Urovich, los Guevara, Massota y en especial los Scaglia, matrimonios que conviven en un mundo aparte, celosos de su estatus y al que protegen del mundo exterior, aferrados en su vida idílica, tras barreras con vigilantes armados y eficaces, alambradas perimetrales, una justicia interna o propia y según un decálogo de buena convivencia consensuado e indeleble. Un microcosmos social elitista y ostentoso en los turbulentos tiempos del nuevo milenio, 2001, en una Argentina azorada por la corrupción y el vaivén político; pero del mismo modo una comunidad sometida por sus propios prejuicios y desaires, igual de vulnerable e insegura cuando surgen los problemas, el desempleo, el desequilibrio, y ya solo queda margen para la supervivencia, acentuando las apariencias, la identidad agrietada. En esta tesitura, la pluma hábil de Piñeiro ofrece en breves pinceladas, las gradaciones de la hipocresía, de la envidia, del chismorreo, la infidelidad, la violencia de género, la soledad, la locura, la resignación, ocultamiento y el dolor… forjando una tragedia con una dimensión muy actual, en un mundo en crisis y en falta clamorosa de perspectivas y esperanzas.

“Un pacto tácito de frases hechas encadenadas, palabras que iban llenando el silencio, con el propósito de ni siquiera tener que hablar del silencio”

Una historia muy bien escrita, interesante, que se lee de un tirón, de acuerdo con una frialdad o desafecto escalofriante, pues es imposible mantener esa indiferencia ante un contexto enorme e impresionable; con una prosa solvente, decidida, ágil, perfecta para la semblanza implacable, contundente, de la decadencia social que trasciende las propias fronteras gauchas. Muy recomendable.


“Altos de la Cascada es una gran familia con un gran jardín. Y como tal, la misma familia juzga la infracción y pone el castigo”

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