Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



viernes, 27 de enero de 2017

IMÁGENES CON LETRA: "Invierno 8"

… encender la vida en todos, más frente a esta versión de un clásico, bosquejada con las ráfagas inusitadas de un invierno que amaneció con sus galas blancas y relumbrantes; arrancando asombros incluso a la historia hecha piedra, inmortal y soberbia, en un oráculo donde nuestra fugacidad, con sus heroicidades y miserias, advierten de las imposibilidades posibles, de los ensueños realizables, o bastaría tan solo con descubrirnos que somos alguien en la vasta tramoya del mundo y ante el que languidecemos en los cánones de su rígida sociedad, las clases, aguardando un aplauso que nunca llega y porque pocos son los que abarcan el papel de protagonistas. Hasta que, en vanguardia, delante de este mítico escenario, nos sentimos ambiciosos, grandes. La versión de un clásico del que oímos, y nos emocionamos, desde un gélido silencio declamar los versos de nieve raptados en “Los cálices vacíos”, aunque pareciera de “El libro blanco”, por Delmira Agustini, como garabatos en el folio inmaculado del cielo: “¡Y yo te amo, invierno! Yo te imagino viejo, yo te imagino sabio, con un divino cuerpo de mármol palpitante que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo...Invierno, yo te amo y soy la primavera...Yo sonroso, tú nievas: tú porque todo sabes, yo porque todo sueño...”. INVIERNO 8. Murallas, Puerta de Almocábar e Iglesia del Espíritu Santo. Barrio San Francisco. Ronda.


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