Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 25 de enero de 2017

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El Laberinto de los Espíritus" de Carlos Ruiz Zafón.

“Aquella noche soñé que regresaba al Cementerio de los Libros Olvidados…”


Sentimientos encontrados. “-No hay libros modestos sino ignorancias soberbias”. Estimo que objetiva, por un lado, la exigencia de poner fin a la saga del “Cementerio de los Libros Olvidados” de Carlos Ruiz Zafón, y para esperar de éste a que nos sorprenda con otras narraciones e incluso desde otros registros; y subjetiva, por otro, de echar muy en falta a una historia de historias construida en torno a un escenario sugerente, en un tiempo difícil y con unos personajes entrañables e inolvidables. “La cuarta entrega, virulentamente morrocotuda y especiada en los perfumes de todas las anteriores, nos conduciría por fin al centro del misterio y nos desvelaría todos los enigmas de la mano de mi ángel de las tinieblas favorito, Alicia Gris. La saga contendría villanos y héroes, y mil túneles a través de los cuales el lector podría explorar una trama caleidoscópica que semejase aquel espejismo de perspectivas que había descubierto con mi padre en el corazón del Cementerio de los Libros Olvidados” Esta llamémosle mi disensión literaria, no solo ha estado presente a lo largo, y mucho que lo he pensado, del tiempo en que me debatía por hacer, y en cómo, esta reseña, de hecho hace ya más de una semana que finalice la novela y cuando acostumbro a escribirla tras cerrar el libro, sino que ha estado durante toda la lectura, tan extensa, de este “El Laberinto de los Espíritus” (Planeta, 2016). Sensaciones contrariadas en torno a una novela que pone el desenlace a la serie, esta que mantiene el nivel narrativo de su antecesora, “El Prisionero del Cielo”, pero no a cuanto de magistral atesoraban “La Sombra del Viento” y “El Juego del Ángel”, las dos primeras, y la que, con independencia de su construcción impecable, se advierte de su interés manifiesto por ocupar un hueco en el mercado editorial, exigido por supuesto. Una novela entretenida, ligera, a pesar de su intrincado argumento y de sus casi mil páginas, y de la que en cambio me hubiera gustado reseñar su excepcionalidad.

“-Malaventurados sean aquellos cuyos sueños están forjados de papel y tinta, pues suyo será el purgatorio de las vanidades y los desengaños”

Sea como fuere, los amantes del universo Zafón, sigue aquí reconocible, podemos estar satisfechos de la novela y del colofón de la historia; seguimos en la segunda mitad de los años 50 y con flashbacks de otras décadas; de su escenografía, una Barcelona fantasmagórica, gótica, de tenebrosas mansiones, sótanos infectos, ostentosos cementerios, de una geografía atemporal, Madrid aparece también; de la definición de sus personajes, tanto de los ya conocidos, la familia Sempere, Bea, Valls, Isabella, Martín, el genial Fermín Romero de Torres…, como de los nuevos, Fernandito, Martaix, Vargas, y en especial Alicia Gris, una heroína con muchos y buenos guiños a la Lisbeth Salander de Millenium de Stieg Larsson, Nikita de Luc Besson, o alguna de esas “femmes fatales” de la literatura o el cine y de las que, en su escénico melodramatismo, recordamos; del argumento costumbrista; de su magia entrelazada a los abundantes sueños donde el autor despliega su potencial narrativo de fantasía y color; de sus ingeniosas dosis de humor; de su serie de intrigas muy del género negro, con truculencias incluidas, terroríficas, para un gran misterio que lo envuelve todo y que ahora no deja cabos sueltos; siempre bajo una perspectiva cinematográfica, incluso de sus arquetipos propios de la época como de una ficción de contextos oscuros y misteriosos. En esta entrega, asimismo, para discutir a quienes han criticado el escaso o nulo compromiso del autor con la época o con la historia, se hace eco del asunto de los niños robados durante el franquismo, un tema hace tiempo de viva actualidad, pero siempre trazado con su mirada peculiar y sorprendente.

“… En este sainete de monas vestidas de seda que es el mundo, la falsedad es la argamasa que mantiene unidas todas las piezas del pesebre. La gente, ya sea por miedo, interés o papanatería, se acostumbra tanto a mentir y a repetir las mentiras de los demás que acaba mintiendo hasta cuando cree que dice la verdad. Es el mal de nuestro tiempo. La persona sincera y honesta es una especie en vías de extinción, como el plesiosauro o la cupletera, si es que existió alguna vez y no fue como el unicornio”

En estos momentos agradezco a Carlos Ruiz Zafón el incluir algunas fotografías de Francesc Catalá-Roca, magníficas escenas, un sutil aliciente para hacer más interesante la lectura de un mundo pasado, triste y perdido.

“El tiempo, comprendió, siempre fluye con velocidad inversa a la necesidad de quien lo vive”

Otra circunstancia a destacar, aparte de los tópicos o de las recurrencias argumentales, son sus ecos descriptivos, precisamente, de lo ya leído antes, de todo aquello que o bien repite de novelas anteriores o de llegar o a reconocer ciertos “déjà vu” que brotan aquí y allá en la narración. Entiendo, y con sinceridad me convence, de que esto forma parte inevitable del universo literario Zafón, lo cual verifica el uso y estilo; incluso son elementos que tienen que estar ahí para cumplir expectativas o formas de expresión que, insisto, seducen y se agradecen y aunque algunos puedan considerar infames aestas repeticiones, aburridas, y nada creativas. Zafón, pues, y a falta de nuevos registros en los que veamos la gran magnitud de su prosa, en estado puro. Zafón al que del mismo modo se le perdona su nulo uso de las elipsis, de instar por un narrador en tercera persona omnisciente y en cada “representación” de sus personajes principales, del uso de diarios o libros como un recurso fácil para zanjar o solventar vacíos o lagunas de la trama.

“Escribir es un oficio que se aprende, pero que nadie puede enseñar”

Me siguen gustando, y bastante, sus diálogos, sobre todo los protagonizados por Fermín Romero de Torres y el sarcasmo destilado en otros de Alicia Gris con Vargas u otros personajes.  “-Es lo que tiene el estar bien leído, que uno ya se sabe todos los versos y los trucos del destino (le decía Virgilio, de la Biblioteca Nacional, a Alicia Gris)”…“-Uno cree en lo que puede, no en lo que quiere. A menos que sea un cretino, en cuyo caso invierte esos términos. (Decía Vargas el policía a Alicia Gris). Me gustan los diálogos por su ingenio, de una lúcida sutileza, extraordinarios, que además de arrancar más de una carcajada remueven la cabeza con sus sólidos pensamientos.

“- No se avergüence, que así es la vida. El aprender a diferenciar entre el por qué hace uno las cosas y por qué dice hacerlas es el primer paso para comenzar a conocerse a uno mismo. Y de ahí a dejar de ser un cretino hay un trecho (…)
-Si los libros hablasen no habría tanto sordo por ahí”

Carlos Ruiz Zafón logra salvar con desenvoltura los problemas que plantea el cierre para esta y para las historias de los tres libros anteriores, de una manera coherente, eficaz, hilvanando con lógica una amalgama tan heterogénea de contenidos, con tantos matices y situaciones y acciones, por lo que, necesariamente, merece el reconocimiento a su habilidad creativa. Incluso me ha entusiasmado el epílogo, aun mostrándome de acuerdo de su imposición, casi con calzador, y el que además hubiera sido prescindible; sin embargo, para mí y reitero, me ha encantado por su ejercicio metaliterario, por su calidad, por su inventiva al permitirme vivir una historia más junto a Julián Carax, uno de los personajes fundamentales de “La Sombra del Viento”.

“Se bebe para recordar y se escribe para olvidar”

En definitiva, “El Laberinto de los Espíritus” es un libro que me ha gustado, mucho, supongo que le sobra presunción y adolece de esa honestidad necesaria, y para nada menospreciable, de considerarlo de relato ligero; y aun así no me ha parecido excesivo ni por su extensión ni por sus formas. Otro homenaje al género del folletín. Otro homenaje a la literatura, a autores clásicos, a libros clásicos, a librerías de viejo, a esos escritores malditos o “letraheridos” (no sé el origen de esta palabra, pero suena bien) “-La literatura es una amante cruel que olvida con facilidad” Novela entretenida, de fácil lectura, de encantador dinamismo, tan visual, de la que vas pasando página tras página sin importarte aquí y allá, en este minuto u otro, la extensión de lo que queda por leer; y porque leemos lo que queríamos leer, nos emocionamos con lo que deseábamos emocionarnos, encontramos lo que esperábamos encontrar,… de acuerdo a que no con la sublimidad de sus dos novelas primeras. Un estupendo remate para la serie del “Cementerio de los Libros Olvidados”, y por tanto a como pueda desde este momento echarse de menos. Ahora toca esperar algo nuevo de este grandísimo escritor; y no sé por qué, pero infiero que su personaje Alicia Gris tendrá mucho que ver en esto. Adiós a una saga que me ha reportado, según la expresión de su reclamo editorial, el gusto por la lectura.

“Una leyenda es una mentira pergeñada para explicar una verdad universal”

Sinopsis editorial:

“Vuelve Carlos Ruiz Zafón con el desenlace de la saga de La Sombra del Viento. Recordarás por qué te gusta leer.
“En la Barcelona de finales de los años 50, Daniel Sempere ya no es aquel niño que descubrió un libro que habría de cambiarle la vida entre los pasadizos del Cementerio de los Libros Olvidados. El misterio de la muerte de su madre Isabella ha abierto un abismo en su alma del que su esposa Bea y su fiel amigo Fermín intentan salvarle.
Justo cuando Daniel cree que está a un paso de resolver el enigma, una conjura mucho más profunda y oscura de lo que nunca podría haber imaginado despliega su red desde las entrañas del Régimen. Es entonces cuando aparece Alicia Gris, un alma nacida de las sombras de la guerra, para conducirlos al corazón de las tinieblas y desvelar la historia secreta de la familia… aunque a un terrible precio.
El Laberinto de los Espíritus es un relato electrizante de pasiones, intrigas y aventuras. A través de sus páginas llegaremos al gran final de la saga iniciada con La Sombra del Viento, que alcanza aquí toda su intensidad y calado, a la vez que dibuja un gran homenaje al mundo de los libros, al arte de narrar historias y al vínculo mágico entre la literatura y la vida.”

“Uno no se da cuenta del vacío en el que ha dejado pasar el tiempo hasta que vive de verdad. A veces la vida, no los días quemados, es solo un instante, un día, una semana o un mes. Uno sabe que está vivo porque duele, porque de repente todo importa y porque cuando ese breve momento se acaba, el resto de su existencia se transforma en un recuerdo al que intenta regresar en vano mientras le queda aliento en el cuerpo”







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