Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 13 de junio de 2017

PUJERRA POR SAN ANTONIO



Cascadas de colores derramadas por la cal de las paredes. Estallidos cromáticos que iluminan los rincones, los balcones, los abiertos patios, la amabilidad de las puertas de entrada. Espacios atemporales donde ellas, las mujeres de Pujerra, cuidan, miman, hablan a sus flores con nombres superiores a todo nombre. Delante de este derroche de color, y de fragancias, no se puede ser indiferente, ante el cual se doblan las rodillas, cualquier preocupación, elástico incluso a las salvajadas urbanísticas a las que nos tiene acostumbrados esta abúlica política que permite o mira para otro lado a lo que debe ser ejemplo de sensatez, de armonía, que ablanda las voluntades más obstinadas, más mediocres, y curva las sonrisas. Flores. La fascinación entorna los ojos, abre el corazón, atrapándolos, y en el regalo de las retinas, busca el encuentro, la participación, el dejarse llevar en el milagro de una naturaleza domesticada que confraterna con un extraño sosiego, con un peso cordial del ambiente y a pesar de estar el pueblo en Fiestas, la Feria de Pujerra en honor a su patrón, San Antonio de Padua, del que hoy es su onomástica. Felicidades a mis Antonias y Antonios. Escenarios quiméricos, tornasolados, en los que no hace falta invocarlos para dulcificar las más ásperas tentaciones, las más anodinas rutinas, inexplicables. Y así, a lo largo de un paseo que tiene que ser pausado, no hay prisas en el lugar, paras, observas o abres los ojos, respiras, sugestionado y agradecido a esas mujeres pujerreñas, sorprendentemente en su sacerdocio a través de un luto de siglos, por mantener el dispendioso prodigio de matices y sonrojos, de esencias florales que compiten con el amargo hedor de los castaños en flor. De ahí que en nombre de San Antonio de Padua, al que agradezco su inspiración, sea esta más profana, vea, piense, quiera y comparta esta posibilidad capturada en unas imágenes que no hacen honor a su belleza, para que a todos nos ilumine la inteligencia, y de leer su mensaje, su leyenda, nos alimente el corazón. Flores que parecen ornar, irisar al paso de San Antonio, la procesión que, por segunda vez, hoy recorrerá sus tortuosas calles, y las que entonarán, acaso, estas letras como un prisma donde la luz blanca se desparrama en tinturas que huelen y lagrimean: “Prefieran más ser amados que temidos. El amor dulcifica lo amargo y aligera el peso insoportable. El temor, al contrario, nos hace intolerables hasta las cosas más insignificantes”. Esto es Pujerra: una sorpresa colorista, exuberante, germinada de un retraído silencio que no se oye, se ve.


(c)F.J. Calvente.






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