Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 23 de noviembre de 2017

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El Ángel" de Sandrone Dazieri.

“Las teorías de la conspiración casi nunca son capaces de dar respuestas creíbles, pero tienen la ventaja de señalar, en caso de que exista, ese agujero en el relato oficial cuidadosamente construido para ocultar errores y mentiras”



Negra y policíaca, no, “El Ángel” (Alfaguara, 2017) es negrísima y un thriller con todas las de la ley. Además, si segundas partes nunca fueron buenas, el italiano Sandrone Dazieri se empeña en contradecir el axioma tras su notable y antecesora “No está solo” (http://fjcalv.blogspot.com.es/2015/08/libros-que-voy-leyendo-no-esta-solo-de.html), dentro de la magnífica serie protagonizada por Colomba Caselli y Dante Torre, (serial del que se aconseja seguir en orden y con independencia de sus historias autoconclusivas), y que da respuesta a la demanda de los lectores más exigentes del género y de los amantes del puro y fresco entretenimiento literario. Esta novela, ya desde las primeras frases, atrapa al lector con un trepidante guion, lleno de giros y acción, de persecuciones, callejones sin salida, agobio, ansiedad… hasta un antológico final que persiste, incluso se hace necesario paladearlo en alguna que otra ocasión más, días después. Imagínense la imagen tan real, tan visual, de un tren que llega a una estación lleno de muertos. Luego mantiene la sugestión en un tema de actualidad como es el terrorismo internacional, del ISIS, para bifurcarlo en otras intensas y vertiginosas investigaciones en torno a la guerra fría, al régimen soviético, KGB...

“Lo que he tratado de deciros, hoy, no es que no os creáis nada o que os lo creáis todo, sino que siempre os formuléis preguntas. Si alguien os da una verdad ya empaquetada, retirad el envoltorio y mirad en el interior. No importa si esta verdad os la da un político, un periódico, un policía o alguien como yo. Id a verificarlo. Buscad siempre vuestras respuestas”

Una parte fundamental de este fenómeno literario, tan exitoso, reside en la caracterización de su pareja de protagonistas: Dante, el hombre inestable, maniático, drogadicto de pastillas, tabaco y café, inseguro, intuitivo, inteligente, insomne, claustrofóbico, desordenado, colaborador de la policía como experto en personas desaparecidas y porque él fue una víctima, una de esas personas que durante su infancia y adolescencia estuvo en el infierno, en una situación trágica y brutal de encierro y torturas (“la caja”, “el padre”…), un perfecto conocedor de la maldad. Y Colomba, instintiva, insubordinada, fuerte, decidida, respetada y testaruda, (marcada por “el desastre”)… Ambos comparten destacados tics con los clásicos de la novela negra: Dante, por ejemplo, por sus adicciones, por su interpretación de los gestos, de los movimientos y posturas de los demás, por su enorme capacidad intuitiva o método inductivo, me ha recordado a Sherlock Holmes… Sea como fuere, Colomba y Dante forman una de las parejas más atractivas y equilibradas, también traumáticas y frágiles, en el panorama del género negro. Y a lo cual debemos apuntar, del mismo modo, al antagonismo propio, en el mal encarnado en otro protagonista y malvado de la novela, el malo, o la mala más bien, Giltiné, envuelta en una aura siniestra y metafísica. Un logro, o novedad, de este libro, incluso podría incluirse en las características que definen el estilo de Dazieri, es la medida, genial, de unificar a los contrarios, buenos y malos, en un mismo dolor: “Esos ojos que parecían haber mirado los mismos horrores por los que ella había pasado”.

“La muerte llega a Roma a las doce menos diez minutos de la noche con un tren de alta velocidad procedente de Milán. Del coche de lujo extrañamente no sale nadie. Todos los pasajeros están muertos. La subcomisaria Colomba Caselli, que acaba de reincorporarse al servicio tras su último y escalofriante caso, es quien se encarga de evaluar la masacre.
Aunque todo apunta a un ataque de terrorismo y el ISIS reivindica la autoría a través de un vídeo, Colomba prefiere pedir consejo a la única persona capaz de ver lo que nadie más ve: su excolaborador Dante Torre, al que no dirige la palabra desde hace meses. Este deberá juntar los indicios uno a uno hasta llegar al Ángel.”

“Siempre tengo problemas cuando he de enfrentarme a quienes piensan que saben mejor que yo lo que hay en mi cerebro”

Insistiré en que dada su extensión, casi 550 páginas distribuidas en dos partes entretejidas entre el pasado y el presente, el autor no concede un momento de respiro al lector, no da tregua en la acción, incesante, entretenida, con giros perfectamente construidos, espectaculares, de un dinamismo extremo, de posibilidades y conjeturas, de sospechosos y aunque sepamos de antemano por donde van los “tiros”, y nunca mejor dicho en estos libros policíacos, por un narrador omnisciente que relata la historia… No considero en sus puntales narrativos nada en exceso, o excesivo, nada que acuse algún bajón expresivo, de ritmo, o que, por contrario, se desborden o exageren y como sucede en buena parte de los thrillers que pululan en el mercado editorial, con sus desmesuras. Y es que el peso argumental de “El Ángel” está muy bien sostenido, con un manejo de los tiempos magistral.

“Mi vida tenía un orden antes de que te conociera. Sabía qué hacer. Ahora, cada paso es una incógnita”

En conclusión, “El Ángel” es una, otra garantía para pasarlo muy bien leyéndola. Escrita de manera sencilla y fluida, muy visual, sin menoscabos alguno, incluso agobiante, inquietante, esta novela complace y anima; sin fisuras, intrigante, misteriosa y con una trama hábilmente desarrollada y donde todo encaja a la perfección para disfrute de sus lectores. Un buen thriller. Un buen libro.


“Estaba de pie, atado con cinta adhesiva, envuelto como un capullo utilizando como soporte una viga de hormigón. Podía oír sonidos distantes de coches, amortiguados por algo que tenía en la cabeza y que le presionaba dolorosamente la cara. Se dio cuenta de que era un casco de motociclista, con la apertura puesta detrás, por eso no podía ver nada. Presa del pánico, gritó y se agitó, pero el relleno esponjoso que sabía a sudor ahogó su voz. Se arqueó contra la cinta e hizo fuerza, jadeando con los dientes clavados en la esponja y tensando los músculos, pero lo único que consiguió fue que le crujieran las costillas. Empujó hasta que se vio obligado a dejar de hacerlo por la falta de oxígeno, y lloró en el interior del casco, sorbiéndose las lágrimas.”

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