Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 28 de mayo de 2018

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Los cinco y yo" de Antonio Orejudo.


“Porque la venganza es la condición natural del futuro”



Yo también soy de la generación de “Los Cinco”, de los libros juveniles de aventuras escritos por Enid Blyton, los que alimentaron mi anhelo de lectura y depararon momentos fantásticos, ratos y sueños dichosos en la infancia y adolescencia; junto a “Los tres investigadores”, la saga de misterio creada por Robert Arthur, y publicados por la editorial Molino. ¡Qué tiempos! ¡Tanta nostalgia! De ahí a, además de agradecer esta reminiscencia de un pasado placentero, tocando la fibra melancólica, admirar la destreza de Antonio Orejudo para entretejer su autobiografía con hechos fingidos y verídicos, de sátira del mundo de los sesenta, de la transición de la dictadura a la democracia, también de crítica literaria, por medio de la paráfrasis de aquel mito de literatura adolescente en este ensayo confesional de “Los Cinco y yo” (Tusquets, 2017). Magistral ejercicio imaginativo, de una lectura gozosa y emocionante.


“Pero, por otra parte, esa exigencia ha lastrado mi espontaneidad y mi flujo creativo. Mis virtudes y mi tormento nacen precisamente de un hipertrofiado sentido crítico, que me conduce muchas veces a la frustración. La búsqueda de la perfección y la excelencia me ha bloqueado en tantas ocasiones, que ya adulto he tenido que negociar conmigo mismo para no quedarme hincado en el suelo como una estaca, inmóvil, incapaz de alcanzar esos inhumanos estándares de calidad”


Sinopsis de “Los Cinco y yo”:


“Toni siente que es un escritor que no escribe y un profesor que no enseña. Creció leyendo las aventuras de Los Cinco escritas por Enid Blyton, unos libros que le proporcionaban lo que la España de los años previos e inmediatamente posteriores a la muerte de Franco era incapaz de ofrecerle: diversión sin vigilancia, libertad de movimientos y cerveza de jengibre, es decir, el mundo sin límites que requería la intensidad vital de su transición a la adolescencia. A lo largo de esta novela, aquellos personajes a los que Toni tanto envidió de niño parecen convertirse en seres de carne y hueso como él, que sufre el proceso inverso y termina siendo lo que siempre deseó, uno más de ellos. Los Cinco y yo es una novela arrebatadoramente original que unas veces se disfraza de memorias de infancia y otras de inquietante ficción de denuncia para pasar de la anécdota a la sátira y de esta a una teoría personal de la narración. Antonio Orejudo rinde homenaje y al mismo tiempo ajusta cuentas con su generación, la de los nacidos en el boom demográfico de los años sesenta, que no tuvo ningún protagonismo en la transición de la dictadura a la democracia.”


De Antonio Orejudo no hace falta ponderar su habilidad narrativa, su amenidad, y aquí, en “Los cinco y yo”, borda su estilismo con un argumento sólido, edificado con distintos planos, pero con la fluidez y atractivo y sensación de transcurrir por una única secuencia, por un único orden o trama, en un “puro y simple azar o resultado de un algoritmo que nunca conoceré”, como la vida misma; entretejiendo con maestría la primera persona expresiva a sus aspectos verídicos y ficticios, sin posibilidad de discernir unos de otros: tanto en el protagonista del libro, Toni, acaso el propio Orejudo en sus tiempos infantiles y adolescentes, como en la presentación de un libro, “After Five”, escrito por otro excelente narrador, Rafael Reig, al que incorpora a la narración o junto a Orejudo en su ficción; de la presentación literaria y de un congreso de Enid Blyton, de la supuesta vida adulta junto al autor de los cinco personajes de la autora británica, Julian, Dick, Ana y Jorgina, incluido el perro Tim, y al hilo de una variante de “Los cinco y el tesoro de la isla”... Una novela dentro de una novela.



Además, destacan las escenas llamémoslas bucólicas, tiernas, rezumantes de melancolía: la vida de barrio en el Madrid de los 70, en el colegio, en los primeros escarceos amorosos, los estudios universitarios, la vocación literaria... Y ello, reitero, ensamblando su universo particular con el colectivo o con una realidad que transcurre por las últimas boqueadas de la dictadura, la transición democrática y por la actualidad; en una interesante y ágil semblanza documental o ensayística de estos tiempos, de la educación, de la familia, los años 80 con su revoltillo progre y rico en la música, la moda, … y la propia literatura, no importa si clásica o “pulp”, si elevada o ingenua. Un ejercicio tal vez metaliterario, tal vez autoficticio, con humor y ternura, con ironía y apariencia, inteligente y atrevido, muy divertido.


“… un zombi es un fenómeno indecible. Y lo indecible es amenazador porque envenena la confortable sensación de que el mundo está ordenado en categorías claras y definidas”


Un poderoso y entretenido relato de realidad y ficción que nos habla, sea a través de una glosa del fenómeno literario juvenil de “Los Cinco” de Enid Blyton, del servilismo y reivindicación de la cultura; con un análisis ameno, perspicaz, de unos tiempos pasados con los que podamos entender y luchar contra un presente en horas bajas en muchos sentidos, en muchos aspectos de la convivencia y del conocimiento. Una novela muy recomendable.


“Era como si el mundo enseñara fugazmente su verdadera patita: una inmensa y absurda montaña de Sísifo, que había que subir y bajar incesantemente”

No hay comentarios:

Publicar un comentario