Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 23 de junio de 2018

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Mi pecado" de Javier Moro.

“Estaba empezando a familiarizarse con la soledad de la cumbre, un síntoma que se podía entender nada más desde su posición de estrella de cine”



“Mi pecado” (Espasa, 2018), el relato de la actriz española Conchita Montenegro, que triunfó en Hollywood y la que parece ser, o así lo recrea el autor, influyó en el papel de España durante la 2ª Guerra Mundial decantando la balanza entre Aliados y el Eje, le ha valido a Javier Moro obtener el Premio Primavera de Novela 2018. La novela, que pudiera ser un “híbrido” entre el drama, la tragedia y la historia, no es más, a mi juicio, que un álbum de fotos sepias, una historia de historias sin mayor historia, un collage en torno a un personaje desconocido u olvidado narrado de manera plana, sin un argumento del que tirar o emocionar, pausado, monótono, y sin otro valor o merecimiento, insisto, que el de descubrir a su protagonista, tan real como un mundo, el del cine en la meca estadounidense, el de unos vertiginosos y prebélicos años treinta del siglo pasado, interesante, pero de escaso jugo extraído en el libro. Una lectura decepcionante, de la que esperaba mucho más, más ante su anterior y excelente “El imperio eres tú”. Con todo, sólo es una opinión; o tal vez, según recogen sus páginas, “Cuando las cosas tienen sentido, se aceptan con más facilidad”.

“Javier Moro recrea en Mi pecado una historia que sucedió realmente. Su protagonista es la actriz española Conchita Montenegro quien, en 1930 con apenas 19 años, desembarcó en Hollywood.
Gracias a su belleza, inteligencia, personalidad y tesón, la joven promesa se hizo un hueco entre las principales estrellas del momento. Su extraordinaria mirada cautivó a Leslie Howard, uno de los actores más célebres de la época, un hombre casado que le doblaba la edad. Los amantes vivieron su idilio entre fiestas de ensueño y estrenos triunfales, paseos a caballo y vuelos en avioneta por la costa de California, entre la pasión y el engaño.
Trece años más tarde, su historia de amor tuvo un desenlace inesperado cuando los dos se reencontraron en Madrid y, sin saberlo, influyeron en el curso de la Segunda Guerra Mundial.”

Escrito en tercera persona, “Mi pecado”, título en referencia al perfume más vendido en los años 30, un frasco negro con incrustaciones en pan de oro, el primer perfume al alcance de todos, aborda la curiosidad del lector, un interés sin un argumento sostenible, en un carrusel de nombres históricos, reconocidos de unos años acelerados en un Hollywood abierto, multicultural, Edgar Neville, Luis Buñuel, Jardiel Poncela, Chaplin... En unos atractivos momentos, también dramáticos, en los que el cine mudo pasaba a ser hablado, junto con la invención del doblaje, lo que supuso la caída de fulgurantes estrellas cinematográficas como John Gilbert, Buster Keaton... Allí, Conchita Montenegro consiguió lo que pocos extranjeros hicieron, salvo Greta Garbo, triunfar. La actriz española comenzó a ser conocida por “la chica que abofeteó a Clark Gable”, por su enérgica acción al intentar el mirado actor “aprovecharse y besarla con lengua” en una de sus primeras audiciones. Luego se sucedieron las películas, la fama, su romance con el divo Leslie Howard, el Ashley Wilkes en “Lo que el viento se llevó”, hasta bien entrados los años cuarenta, en un reencuentro en un Madrid de posguerra, el de las películas de Florián Rey y la eterna rival de Conchita Montenegro, Imperio Argentina, el del presuntuoso Hotel Embassy, dados los tiempos, el de las antesalas de la guerra, de soldados y espías, de aliados y nazis…

“-Un poco, sí. Pero es normal, no puedes ser guapa y lista al mismo tiempo, sería injusto y totalmente insólito”

Muy al término, y casi de pasada, cuando el tema hubiera generado la atención y curiosidad como para el libro entero, Moro toca o recrea o conjetura acerca de una laguna histórica no del todo dilucidada; es decir, el hecho de porqué Franco no se doblegó a la imposición de Alemania e Italia, de Hitler y Mussolini, atrincherándose en la supuesta neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial; trayendo a escena a Conchita Montenegro abriendo el camino a Franco a Leslie Howard y su mensaje a la imparcialidad deseada por Winston Churchill. Al final, esto resulta incluso anecdótico.

“Tampoco le gustaba la manera de trabajar de Hollywood, esa “trituradora que acaba con el talento de los creadores”

Por otro lado, me ha resultado interesante el paralelismo entre la actualidad ruin de Trump y aquellos Estados Unidos tras el “crack” económico de 1929 con el problema de la inmigración, cuando entonces dos millones de trabajadores mexicanos fueron expulsados del país.
              
 “Mi pecado”, el insulso collage de una actriz española, Conchita Montenegro, al que pasamos indiferentes sus páginas y hechos y del que se espera mucho más.


“Aquí o te tumbas en la arena viendo las estrellas o te tumbas en la estrella viendo la arena”

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