Domingo de Pascua, Santo.
“La oscuridad no
existe, lo que llamamos oscuridad es la luz que no vemos.”
Probablemente sea este el único domingo que no está desterrado del infinito, como creo dijo Baudelaire y haciendo caso a Javier Marías en “Todas las almas”. Un domingo, de Pascua de Resurrección, Pascua Florida, solo de Pascua, solo de Resurrección, o Domingo de Gloria, donde se conmemora, en definitiva, a la luz; la luz de la resurrección, retorno, renacimiento, reaparición, regreso…, a la luz, o con la luz, de Jesús de Nazareth, de Jesús el Cristo si se prefiere, tras el trasiego de los tres días oscuros, dentro de la tierra, la piedra que ciega la realidad, el exterior, adentro en las tinieblas, tras su crucifixión y muerte, el sacrificio de redención; y como ya lo fue antes, en este triunfo del espíritu sobre la materia, con otros dioses o héroes solares o soportes de todas las religiones que una vez fueron y persisten con la flexibilidad de sus credos, con sus dedos de resonancias, o consuelos: Horus, Mitra, Osiris, Athis, Krishna, Dionisio, Adonis… Todos, y tantos otros soñadores particulares, partícipes de la esencia mística, el proceso alquímico, la experiencia trascendental, o un fenómeno de conciencia. Mirar al interior, en intimidad, con esta expresión de la conciencia propia que interroga y descifra al silencio, que busca y entiende la manifestación de la luz tras un invierno de recogimiento, de muerte, de abandonar lo innecesario, lo viejo, para dejar hueco a lo nuevo, y con la confianza en el renacimiento, interpretada por un latido del alma que asciende desde el hondo precipicio del miedo y la mente.
Y así regresamos a la
frase del comienzo, esta que también es relativa como formuló Einstein con sus
físicas y fracturas. Luz. Domingo de Luz. Domingo que no está desterrado del
infinito porque glorifica, incita a abrir los ojos, a mirar sin mirar y mirar
desde adentro. A ver y a recibir y a atesorar la luz, la perfección, acaso la
esencia de la liberación o salvación, el significado y propósito del
sacrificio, del tiempo a oscuras, de soledad y retiro, para renacer en la luz,
en la Belleza. Y en esta luz, con esta luz, expresar como cada cual así quiera apreciarla:
escribiendo poemas sin importar que nadie los entienda, interpretando la
historia y la leyenda, a su manera, leyendo, dibujando, paseando, escuchando
música o solo poniendo notas en el pentagrama del silencio, bailando, bailando
con textura, con nuevos renuevos, incluso rezando, el rezo con la oración que
sea, ante la abstracción o conmoción que fuese o se concibiese y si con ello permite
comunicar, a integrarse con el todo… Sentir la luz, inundarse de luz. Ser.

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