Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 16 de noviembre de 2025

"SINGING IN THE RAIN"

 


No sé si me fue más extraño ver, y disfrutar, de dos días casi ininterrumpidos de agua, llueve que llueve, o de las farolas prendidas de ocasos naranjas a la mañana, al limpio día, y a una festiva llovizna. O de una de las guirnaldas de luces de Navidad tan pronto instaladas y tan pronto inauguradas a la vuelta de una absurda esquina, distorsionada a la vista, tras mi cristal, arriba y triunfal, indiscreta y caprichosa, aferrada a los linajudos inmuebles que exudaban el temporal y otros bronces y otras lágrimas viejas y viudas. O acaso, por raro y absurdo, en una Ronda cada vez más foránea o desubicada y de ahí irreconocible, de ahí incómoda, por el animal, ave o pavo andando con petulancia y donosura por la calzada húmeda, Armiñán se llama, la vía, y sin importarle, al pájaro, calarse las plumas, la papada rojiza, el moco o redecilla, a la inhibida y vistosa cola. Ignoraba, no pude oírlo, no pude ver las modulaciones en su pico, si ya no un refunfuño a la búsqueda de migajas, restos de comida en el mojado asfalto o charol de unos zapatos de bailador, cantando bajo la lluvia como aquel, como Gene Kelly o Don Lockwood en la película de 1952 de igual título; o quizás fuese pava y ya sería Debbie Reynolds o Kathy Selden, y más que cantar, quizá, lamentándose o llorando con y al propio aguacero por su también pronto y trágico destino, plato principal del menú de una Navidad que cada vez llega más inoportunamente, más lejana a ella, más falsa y ajena, codeándose por ahora con la conmemoración de los Santos Difuntos. Sin duda alguna, lo extraño de la lluviosa mañana estuvo en la navideña guirnalda de unas luces entonces (¿siempre?) apagadas.

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